El español es una lengua romance del grupo ibérico, originada en Castilla, España. Es la segunda lengua más hablada del mundo, superando por cierta diferencia al inglés desde 1996.
Es hablada como lengua materna por unos 340 millones de personas, o por 450 millones incluyendo a aquellos que lo utilizan como segunda lengua (est. 2004). Es junto con el inglés la lengua occidental que cuenta con más hablantes, ambas superadas largamente por el chino mandarín.
Tanto en España como en Hispanoamérica se le conoce también como castellano, por referencia a su región de origen. Las demás lenguas españolas (españolas por ser también originarias de España) son simplemente regionales. Los españoles suelen llamar a este idioma español cuando se refieren a él junto a idiomas extranjeros (ej. francés o inglés), pero le llaman castellano cuando se refieren a él junto a otros idiomas regionales de España (ej. gallego, euskera y catalán). En el resto del mundo hispano, es costumbre llamar al idioma castellano o español, predominando éste último nombre.
Distribución geográfica
Mientras que en la lista mundial de lenguas más habladas figura en tercera o cuarta posición según la fuente consultada (al fin y al cabo los censos de la India y Sudamérica varían mucho según el organismo consultado), lo que sí queda claro es que en la lista mundial de importancia ocupa la segunda posición detrás del inglés.
El español, que es una de las lenguas oficiales de las Naciones Unidas, es una lengua multinacional o internacional, pero no mundial ni global. Ninguna de las naciones donde se habla es una potencia mundial, exceptuando el país de origen, España, que es la octava potencia económica mundial. Su peso científico o económico en el mundo es bajo, comparado con otras lenguas con menor número de hablantes, como el alemán o el francés. Sin embargo de lo anterior, debido a motivos principalmente turísticos y comerciales, el español es la lengua más aprendida del mundo en institutos y centros de idiomas, desplazando al inglés, al francés y al alemán, dato corroborado por los principales institutos de idiomas del mundo (el centro Cervantes, la Alianza Francesa y el Goethe Institut).
El español es una de las lenguas románicas derivadas del latín como el portugués, el francés y el italiano. Nació en el reino de Castilla, por este motivo se denominó castellano. Cuando el castellano se expandió por otros reinos peninsulares y fue traído a América, pasó a denominarse español, aunque hoy, especialmente en Sudamérica, el nombre “castellano” alterna con “español”.
Cuando el castellano comenzó a extenderse en la Península Ibérica, los dialectos existentes fueron perdiendo terreno. No obstante, otras variedades consiguieron mantenerse junto al castellano. Así que en la actualidad existen en España otras tres lenguas oficiales establecidas en la Constitución española de 1978: el catalán, el gallego (ambos de origen románico) y el vascuence o euskera (de origen desconocida).
Hay algunas diferencias entre el español de España y el español de América, especialmente en el campo del vocabulario. Sin embargo, a pesar de estos aspectos diferenciales, el idioma permanece esencialmente homogéneo y los hispanohablantes de cualquier lugar del mundo se entienden sin dificultad.
Algunos brasileños consideran que el español es una especie de portugués mal hablado. Creen que pueden entender y hacerse entender perfectamente al iniciar una conversación con un hispanohablante. Esa opinión provoca un desprecio por su estudio sistemático.
Aunque portugués y español sean lenguas “hermanas” (mismo origen) que surgieron geográficamente muy próximas y que viven en vecindad tanto en Europa como en América, hay que tener cuidado porque tienen características propias y muchas cosas no son realmente lo que parecen ser.
Uno de los aspectos más característicos de la historia antigua de España es la sucesión de oleadas de diferentes pueblos que se extendieron por toda la península. Los primeros en llegar fueron los íberos, un pueblo del norte de África. Después llegaron los celtas, un pueblo típicamente ario, y de la fusión de los dos surgió una nueva etnia, los celtíberos, que se agruparon en varias tribus (cántabros, astures, lusitanos) que dieron nombre a sus respectivos territorios. Los siguientes en llegar, atraídos por la riqueza mineral, fueron los fenicios, que fundaron varias plazas comerciales a lo largo de la costa, la más importante de las cuales fue Cádiz. Después vinieron los griegos, que fundaron varias ciudades, entre las que se encontraban Rosas, Ampurias y Sagunto.
En su lucha contra los griegos, los fenicios llamaron a los cartagineses, quienes a las órdenes de Amílcar Barca, se apoderaron de la mayor parte de España. Fue en esta época cuando los romanos iniciaron una disputa fronteriza en defensa de las zonas de influencia griega. Y así comenzó en la península la segunda guerra púnica, que decidió el destino del mundo de entonces. Tras la victoria de Roma, Publio Escipión, "El Africano", comenzó la conquista de España, que iba a estar bajo el dominio de Roma durante seis siglos.
Una vez que la península fue completamente sometida, hubo una romanización de tal magnitud, que produjo escritores de la estatura de Séneca y Lucano y emperadores tan eminentes como Trajano y Adriano.
Roma legó a España cuatro grandes instituciones sociales: la lengua latina, el Derecho romano, los municipios y la religión cristiana.
Tras la caída del Imperio Romano (476), los suevos, los vándalos y los alanos entraron en España, pero fueron derrotados por los visigodos, que a finales del siglo VI ocuparon prácticamente toda la península.
A comienzos del siglo VIII (711) los árabes se introdujeron por el sur. La época de dominación musulmana se divide en tres periodos: el Emirato (del 711 al 756), el Califato (756-1031) y los Reinos de Taifas (pequeños reinos independientes) (1031-1492). Los árabes conquistaron el país rápidamente excepto un pequeño baluarte del norte que se convertiría en el trampolín para el inicio de la Reconquista (1492), que no culminó hasta ocho siglos más tarde.
En 1492 el matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, preparó el camino para la unión de los dos reinos y marcó el comienzo de un periodo de creciente éxito para España, ya que durante su reinado Granada, la última fortaleza de los árabes en España, fue conquistada y a la vez, en el mismo año histórico de 1492, las carabelas enviadas por la Corona de Castilla bajo el mando de Cristóbal Colón descubrieron América. Las Islas Canarias se convirtieron en territorio español (1495), se afirmó la hegemonía de España en el Mediterráneo en detrimento de Francia con la Conquista del Reino de Nápoles, y Navarra se incorporó a la Corona.